AMAR Y SERVIR

Procuro que el amar y servir sea en mi una práctica cotidiana...aunque a veces lo olvido…

Sé que amar es el mandamiento más grande, sé que servir es el camino que Jesús marcó, pero no siempre me sale de manera natural.

Y entonces me doy cuenta: la felicidad no llega solo por saber lo que es bueno, sino por practicarlo una y otra vez, hasta que se vuelve parte de mi manera de ser.

En esta vida, los hábitos se forman a base de repetición, como quien aprende a caminar, a tocar un instrumento o a cocinar. Y así también se aprende a amar y servir

Me doy cuenta, que si no entreno mi corazón, si no me esfuerzo por dar un paso cada día, acabo cayendo en viejas impaciencias, en egoísmos pequeños, en la comodidad de hacer lo mío sin mirar a nadie.

Pero cuando decido amar a propósito, cuando busco servir aunque me cueste, algo en mí empieza a transformarse lentamente.

Hoy lo vivo así: el amor que no se practica se enfría y el servicio que no se ejerce se olvida. No basta con saber que Jesús me llama a amar; debo mover las manos, abrir el corazón, prestar mis oídos, detener mis pasos, regalar tiempo.

De manera que es en esos gestos concretos, donde mi fe se hace carne y mi vida encuentra sentido. Cada pequeño acto se vuelve un ladrillo en la construcción de una felicidad más firme y menos cambiante...Y no siempre lo hago bien... A veces me pesa, otras no estoy de humor, otras preferiría evitar el esfuerzo. Pero allí descubro que la virtud no nace de la perfección sino de la constancia

La repetición humilde forma el carácter, pule el espíritu y me ayuda a parecerme un poco más a Jesús. Y entonces la felicidad deja de ser un sueño pasajero y se convierte en una conquista diaria.

Jesús me lo enseñó con claridad: “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan unos a otros” (Jn 13,35). No dice en las ideas que tenga ni en lo que sientan, sino en ese amor vivido, visible, concreto.

Y también: “El que quiera llegar a ser grande entre ustedes, que se haga servidor” (Mt 20,26).

No hay camino más directo ni más verdadero.

Cuando recuerdo estas palabras, me pregunto: ¿Qué tan dispuesto estoy a practicarlas hoy? No mañana, no cuando todo esté bien, sino ahora.

Porque la felicidad cristiana no es un estado emocional, es una forma de caminar. Es levantarme cada día y decir: Hoy voy a intentar amar mejor que ayer. Hoy voy a servir aunque sea poquito.

Y cuando logro hacerlo, aunque sea imperfectamente, siento dentro una paz que no proviene de mí, sino de Dios.

Y así, poco a poco, el amar y el servir se vuelven un modo de vida, una costumbre sagrada que me humaniza, me fortalece y me hace más libre. Porque cuando amo y sirvo, me parezco más al Señor...Y en esa semejanza está la verdadera alegría y tengo muy presente que:

“No se olviden de hacer el bien y de compartir lo que tienen.” (Heb 13,16).

Por estodigo: "Señor Jesús, hoy vengo a pedirte un corazón que ame y sirva cada día, no solo de palabra, sino con gestos concretos. Tú conoces mis cansancios, mis resistencias y mis hábitos egoístas; por eso te entrego lo que soy y lo que me falta.

Enséñame a practicar el bien con constancia, a repetir el amor hasta que se vuelva parte de mí.

Haz que mis manos estén siempre disponibles, que mis pasos busquen al que necesita y que mis palabras sanen.

Que en lo pequeño de cada jornada yo pueda descubrirte y seguirte. Transforma mi vida desde dentro, Señor, y ayúdame a vivir como discípulo tuyo, fiel, generoso y humilde.

Que tengas buana semana.

Abrazo

9 feb 2026