APRENDER A SER DISCIPLINADO

Hoy la disciplina no es entendida...y es indispensable para cualquier ser humano...

Hay días en los que me levanto con entusiasmo, motivado, con sueños grandes y ganas de vencer al mundo.

Pero también hay días pesados, grises, en los que el corazón lo siento frío y mi mente busca excusas para no dar lo mejor de mí.

En esos días recuerdo una verdad sencilla: no siempre estaré motivado y por eso necesito aprender a ser disciplinado.

La motivación es un regalo hermoso, pero frágil, llega y se va como el viento. La disciplina, en cambio, es un cimiento firme, es la decisión de seguir adelante aun cuando no sienta ganas, es la fuerza que me sostiene cuando las emociones cambian.

No se trata de obligarme a la fuerza, sino de entrenar mi voluntad para que mis acciones no dependan únicamente de cómo me siento.

La vida cristiana me enseña precisamente eso: que la fe no es una emoción pasajera, sino una elección diaria. Seguir a Cristo no siempre se siente ligero; hay momentos de cansancio, de pruebas, de sequedad interior.

Y sin embargo, ahí es donde la disciplina cobra valor: orar aunque no sienta fervor, amar aunque no reciba aplausos, servir aunque nadie lo reconozca. Esa constancia es la que transforma poco a poco mi corazón.

Entiendo entonces que la motivación me impulsa, pero la disciplina me construye. Si solo actúo cuando estoy motivado, nunca avanzaré demasiado; pero si aprendo a sostenerme en la disciplina, cada día será un paso firme hacia la meta.

Y cuando pienso en Jesús, veo la mayor muestra de disciplina, no actuó movido solo por emociones, sino por fidelidad al Padre. En Getsemaní, sintió miedo y angustia, pero eligió la obediencia: no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Esa disciplina de amor me inspira a mí: no se trata de seguir lo que siento, sino de elegir lo que es correcto.

Hoy quiero recordarme algo: ser disciplinado no significa vivir amargado, sino vivir con propósito. La disciplina me da libertad, porque me ayuda a ser dueño de mis actos y no esclavo de mis emociones.

La disciplina, me enseña a levantarme, a perseverar, a dar un paso más incluso cuando parece que no puedo más.

Quiero ser constante, que no dependa de las ganas ni de los aplausos, sino que aprenda a caminar con firmeza. Quiero construir mi vida no sobre emociones cambiantes, sino sobre la roca sólida de la fe y la disciplina.

Porque sé que tengo días de luz y de sombra, momentos de ánimo y de cansancio, pero mientras mantenga la voluntad firme, nada será en vano.

Al final, cada acto de disciplina se convierte en un paso más en la obra de mi vida: “Todo atleta se impone una dura disciplina; ellos lo hacen por una corona que se marchita, nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. (1Cor 9,25).

En mi caso digo: Señor, sé que no siempre estoy motivado, pero quiero aprender a ser disciplinado. Enséñame a no depender de mis emociones cambiantes, sino a vivir con fidelidad y constancia.

Dame la fuerza de levantarme cada día con la decisión de hacer el bien, aunque no lo sienta fácil, aunque me falte ánimo.

Quiero seguirte no solo cuando todo fluye, sino también en medio del cansancio y la prueba.

Ayúdame a orar cuando el corazón esté frío, a amar cuando no reciba nada a cambio, a servir aunque nadie lo reconozca. Que mi disciplina sea un acto de amor y de confianza en ti.

Señor Jesús, que en Getsemaní elegiste obedecer al Padre aun con miedo y angustia, dame tu mismo espíritu de perseverancia. Que mi vida esté cimentada en la roca firme de la fe y no en sentimientos pasajeros.

Hoy decido caminar contigo con constancia, porque sé que me sostienes y nunca me abandonas.

Espero que la discipline este en cada uno de nuestros actos...

Un abrazo y ¡Feliz 2026!

Edgard

28 dic 2025