Hay días en que me doy cuenta de que no solo estoy cansado físicamente. Mi cuerpo puede descansar unas horas, pero por dentro sigo sintiendo un peso.
Son preocupaciones que se van acumulando, decisiones que tengo que tomar, responsabilidades que no se detienen. A veces intento resolverlo todo al mismo tiempo, como si todo dependiera únicamente de mí.
Pienso demasiado en el futuro, imagino problemas que todavía no existen o trato de controlar situaciones que están fuera de mis manos.....y viene la angustia. Y mientras más intento controlarlo todo, más cansado me siento por dentro.
Quiero poner mi vida en las manos de Dios, no puedo cargar con todo. No tengo que resolver cada problema inmediatamente ni tener todas las respuestas. Hay cosas que me corresponden y otras que simplemente debo confiar.
Descansar en Dios no es desentenderme de la vida ni dejar de cumplir con mis responsabilidades.
Significa hacer con honestidad lo que está en mis manos y luego soltar lo que ya no depende de mí. Significa aceptar que mis fuerzas son limitadas, pero que el amor y la providencia de Dios no lo son.
Cuando recuerdo esto, algo dentro de mí se calma. Comprendo que no tengo que vivir siempre en tensión.
Puedo respirar con más tranquilidad. Puedo caminar paso a paso, sin la presión de tener que resolver toda mi vida hoy mismo.
También descubro que muchas veces mi cansancio interior nace de querer tener el control de todo: de las personas, de los resultados, del futuro.
Pero la vida no funciona así. Hay procesos, hay tiempos, hay caminos que se van revelando poco a poco.
Descansar en Dios es aprender a confiar en ese proceso. Es reconocer que sigue actuando incluso cuando yo no veo claramente el camino.
Es aceptar que puedo hacer mi parte con responsabilidad, pero que el resultado final no está completamente en mis manos.
Entrego a Dios aquello que me preocupa: las decisiones que me cuestan, las situaciones que no sé cómo resolver, las personas que amo y que también tienen sus propias luchas, mis enfermedades crónicas que padezco. No necesito tener todo bajo control para vivir en paz.
Puedo caminar con más serenidad cuando recuerdo que no estoy solo. Dios camina conmigo en medio de mis responsabilidades, cansancios, enfermedades y también en mis dudas.
Descansar en Dios es orar, detenerme un momento, respirar y recordar que sostiene mi vida incluso cuando yo me siento débil.
Necesito confiar, seguir caminando y permitir que Dios lleve conmigo lo que pesa demasiado para mi corazón, pues: “Sólo en Dios descansa mi alma; de él viene mi salvación.” (Sal 62,2).
Entonces digo:
Señor, conoces mi corazón y sabes que a veces me siento cansado por dentro. Hay preocupaciones, responsabilidades y pensamientos que se acumulan y me quitan la paz.
Por eso quiero detenerme un momento y descansar en ti. Ayúdame a recordar que no tengo que cargarlo todo solo.
Dame la sabiduría para hacer con amor lo que está en mis manos y la confianza para dejar en tus manos lo que no puedo controlar.
Cuando mi mente se llena de inquietud, regálame serenidad. Cuando me sienta débil, recuérdame que tu presencia me sostiene.
Enséñame a caminar con calma, paso a paso, confiando en que cuidas mi vida incluso cuando yo no veo claramente el camino.
Hoy pongo en tus manos mis preocupaciones, mis enfermedades, mis decisiones y también mis esperanzas.
Que tu paz habite en mi corazón y me ayude a vivir este día con más confianza, más calma y más fe.
Buena jornada